Abrir en caso de conflicto. La caja misteriosa.

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Los talleres “Abrir en caso de conflicto”  fueron hechos como complemento a la exposición ArtePaz, para ahondar en la idea de arte como medio de transformación social.

El primero tuvo lugar en la sede de Afundación de Rua Nova, en Santiago de Compostela. Su objetivo era que los participantes descubrieran en la creatividad, la imaginación y el humor, recursos poderosos para  afrontar pequeños y grandes problemas, sustituir los enfrentamientos por juego e imaginación y, en definitiva, educar para la paz.

Al iniciar la sesión, hicimos un recorrido por la exposición guiados por la comisaria Alba Fandiño. A continuación, sentados en el suelo, las niñas y niños dibujaron aquello que les pareció más interesante y lo introdujeron en una caja-buzón.

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Después de esta actividad introductoria, subimos al espacio donde se desarrollan los talleres y abrimos el buzón. Estámos viendo y poniéndoles título a todos los dibujos que habíamos hecho cuando… ¡sorpresa! encontramos una nota que ninguno de nosotros recordaba haber escrito.

La nota explicaba que un misterioso ladrón había cogido la caja que teníamos que utilizar en esta actividad, la “Caja de resolver conflictos”. Dentro están todas las cosas que nos hacen falta para el taller, así que debemos recuperarla.

No fue muy difícil dar con ella, pero cuando la abrimos, descubrimos que todavía nos quedan algunos problemas por solucionar. El ladrón se había llevado muchas de las cosas que contenía la caja. Por suerte había dejado sus etiquetas, así que podemos ver los nombres de los objetos sustraídos y una pequeña descripción de cada uno.

Decidimos reconstruirlos entre todos, para que la caja de resolver conflictos se complete de nuevo.

Fuimos leyendo las etiquetas e hicimos objetos de lo más curioso:

Unos “gorros de pensar” para ayudarnos a ver las cosas desde diferentes puntos de vista.

Un teléfono con envases de yogures, para ayudarnos a transmitir la información de forma ordenada.

Una nariz de payaso, para reírnos un poco cuando no conseguímos ponernos de acuerdo.

Un juego de azar (un “adivinador” fue el elegido) para cuando todo lo demás falla.

Antes de finalizar el taller, decidimos repasar los dibujos que habíamos hecho, ¿ quien sabe? si el ladrón estuvo en la sala, es posible que alguien lo hubiese dibujado. Discutimos durante un rato sobre cuál nos parecía que era el sospechoso más probable, y al final llegamos a una conclusión:

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Tonto Guerrero es el ladrón. Uno de los niños entrega su retrato al guardia de seguridad, por lo que nos quedamos todos mucho más tranquilos.

 


La actividad estaba pensada para niños de entre siete a diez años, pero por diversas circunstancias, finalmente los participantes fueron mucho más pequeños. Debido a esto tuvimos que cambiar alguna cosa sobre la marcha, ya que algunos conceptos les resultaban un poco abstractos. La parte positiva fue que se involucraron muchísimo en la actividad y les resultó muy entretenida, especialmente cuando hicieron de “detectives” y consiguieron resolver el misterio.

Consideramos que a pesar de los inconvenientes, sí se cumplieron los objetivos, ya que los participantes utilizaron la imaginación y el dialogo para resolver los diferentes conflictos que les íbamos proponiendo.

 

 

 

 

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